¿Ego o eficiencia?

¿Por qué Lean se llama Lean? ¿Es lo mismo que TPS? ¿O que Toyota Way? ¿O que Lean Seis Sigma? ¿Qué diferencias hay entre ellos? ¿Hay realmente diferencias?

Cuando los investigadores del MIT investigaban a Toyota dentro del trabajo que hacían para la industria del automóvil, descubrieron una forma diferente, nueva y revolucionaria de hacer las cosas. Preguntaron por el nombre y les dijeron que no tenían, que simplemente era la forma en la que en Toyota hacían las cosas.

Entonces a John Krafcik se lo ocurrió llamarlo “lean”, por aquello que de se le había quitado todo lo que sobraba y había quedado sólo lo útil, lo magro. Ya sabes la historia.

A partir de entonces, se ha levantado toda una patulea de gente inventando cosas alrededor del concepto “lean”. Una veces con algo de acierto y la mayoría sin el menor atisbo del mismo.

Se ha decorado el término con múltiples adjetivos, de nuevo a veces con acierto y la mayoría sin él.

Se han inventado teorías de gestión nuevas, sin base experimental ni observacional alguna, a las que cómo no, también se le ha puesto nombre, a las que la prueba de la realidad se ha encargado de poner en su sitio.

Hoy seguimos con ese baile de nombres que no consigue otra más que confundir lo que ya es confuso de por si.

La realidad es la que decíamos al principio, “lean” se llama “lean” porque es el  nombre que los investigadores del MIT le pusieron a la forma en la que Toyota hacía las cosas. Period.

Y ahora entra el ego.

Diferenciar entre “The Toyota Way” y “lean” tiene ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas, según parece, está que según dicen hay un grupo de gente más o menos extensa a los que no les hace gracia usar una metodología, filosofía o forma de hacer las cosas que sea de otro. Y menos aún si encima lleva el nombre de otro.

Por eso lo que se suele hacer es tomar la forma general de “lean” y “adaptarla” a la forma de cada uno: meter unas herramientas nuevas y quitar otras, cambiar algunos criterios o normas de comportamiento, etc. Pero esto tiene de nuevo consecuencias. Cambiar una metodología tiene consecuencias en el resultado.

Pero claro, nosotros como científicos de la gestión, debemos plantearnos la siguiente cuestión:

Bien, realizar cambios en el método cambia el resultado, pero ¿mejoran o empeoran el resultado?

Cambiar para empeorar a cambio de satisfacer el ego, no tiene sentido, y sin embargo es lo que muchos hacen.

Quizás mejor hacer lo mismo y llamarle distinto, allá cada uno, pero al menos conseguimos preservar la eficacia del resultado.

Mi mejor consejo para ti es que si decides trazar nuevas hipótesis (cambiar cosas del método, a lo cuál te animo, dicho sea de paso), lo que debes hacer es someterlas a ensayo y verificar si la realidad te da la razón o te la quita, pero nunca dejes que tu orgullo domine el método científico. El resultado, aunque quizás más placentero para el ego, será peor para la empresa.

¿Qué opinas? ¿Estás de acuerdo con los expuesto o no? ¿Echas algo en falta? ¿Algo que no te cuadre? Te animo a que dejes tu opinión, tanto si es a favor cómo en contra. Me encantaría que este pequeño espacio en la red sea un lugar para nosotros donde intercambiar de ideas, para lo cual tienen que tener cabida todas, las a favor y las contrarias, por supuesto. Valoro tu opinión y tu forma de ver las cosas, por eso quiero escucharlas.

¿Te animas?

Un saludo, amigo.